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¡Quiero ver a mis nietos!

NoticiasPostado por ecuo-abogados mié, junio 07, 2017 11:01:47


En la sociedad actual pueden darse, cada vez con mayor frecuencia, situaciones en las que los abuelos tengan dificultad o se vean privados de poder disfrutar de la compañía y comunicación con sus nietos menores. Los motivos de esta separación son múltiples: una ruptura conyugal de los progenitores (divorcio, separación, etc.), desinterés o distanciamiento por diferencias con los progenitores, ausencia de uno de ellos que perjudique la relación de los nietos con sus abuelos, etc. Ante esto, es cada vez más corriente que los abuelos pregunten por el derecho que les asiste respecto a las relaciones con sus nietos.

Es evidente que los abuelos desempeñan un papel fundamental de cohesión y transmisión de valores en la familia, y cabe entender que estos, normalmente ajenos a las situaciones de ruptura matrimonial, pueden desempeñar un papel crucial para la estabilidad afectiva y personal del menor, por lo que, aunque la relación prioritaria es la de padres-hijos, debe prestarse una especial atención a la relación abuelos-nietos, en interés de los propios menores.

Todos conocemos algún caso en que los abuelos, lejos de jugar un papel secundario en el cuidado y educación del menor, se configuran como figuras principales para el mismo al ser en la práctica sus cuidadores habituales en ausencia de sus progenitores, ocupados en quehaceres y obligaciones diarias, generando esta situación lazos afectivos muy estrechos que pueden verse interrumpidos bruscamente por causas ajenas a los abuelos y nietos. También puede darse el caso contrario: aquellos abuelos que no conocen a sus nietos a causa de haber perdido el contacto con sus hijos tras el nacimiento de aquéllos.

Ante estas situaciones, ¿existe alguna protección legal que asista a los abuelos para que puedan disfrutar de la compañía y comunicación con sus nietos menores?

El artículo 160 del Código Civil recoge en su apartado segundo el derecho que tienen los abuelos a relacionarse con sus nietos al establecer que: 2. No podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del menor con sus hermanos, abuelos y otros parientes y allegados. En caso de oposición, el Juez, a petición del menor, hermanos, abuelos, parientes o allegados, resolverá atendidas las circunstancias. Especialmente deberá asegurar que las medidas que se puedan fijar para favorecer las relaciones entre hermanos, y entre abuelos y nietos, no faculten la infracción de las resoluciones judiciales que restrinjan o suspendan las relaciones de los menores con alguno de sus progenitores.

Por tanto, en caso de que se dificulte o impida a los abuelos la posibilidad de ver a sus nietos, estos podrán ejercer su derecho a través de la interposición de un demanda en reclamación de un régimen de visitas y comunicación con los menores, lo que normalmente les será otorgado salvo que concurra justa causa para denegarlo. La concurrencia de esta justa causa debe examinarse caso a caso, y se entiende que existe la misma, para denegar el régimen de visitas, cuando se aprecie que la relación de los menores con los abuelos perjudica el desarrollo y salud mental y física de aquéllos, quienes deben ser considerados el interés más digno de protección.

No es justa causa para denegar este régimen de visitas el distanciamiento o la mala relación que pudiera existir entre los abuelos y los progenitores de los menores, estableciendo nuestro Tribunal Supremo en su sentencia de 24 de mayo de 2013, entre otras, que () no es posible impedir el derecho de los nietos al contacto con sus abuelos, únicamente por la falta de entendimiento de éstos con los progenitores, o, como ocurre en este caso, por las malas las relaciones existentes entre la progenitora y su madre, abuela de la menor, cuando no afectan al interés de los menores.

El régimen de visitas que se establezca deberá tener en cuenta las circunstancias personales de las partes, por lo que debe analizarse cada caso en particular para determinar la frecuencia y extensión de las mismas, si incluye o no pernocta, si es en presencia o no de los progenitores, etc. Y es que no es lo mismo un régimen de visitas relativo a un bebé que el establecido respecto a un menor de 14 años, si ha existido relación anterior con el menor o ésta ha sido inexistente, etc. En este sentido, podría considerarse un régimen de visitas moderado el que establece el derecho de los abuelos de disfrutar de la compañía de los nietos un fin de semana al mes, de viernes a domingo, con pernocta, y una semana de vacaciones al año.

Si las partes lo solicitasen, cabría la emisión por un equipo psicosocial de informe que, con valoración de las circunstancias concretas del caso, determine el régimen de visitas más idóneo, aunque el Juez podrá no admitir esta prueba por considerarla innecesaria al existir acuerdo entre las partes sobre el régimen de visitas a implantar, o por tener una composición personal de la situación concurrente tras escuchar al menor, que lo debería hacer si éste es mayor de 12 años o, si a su entender, tiene suficiente madurez.

En estos asuntos el abogado puede jugar un papel relevante, que se extiende más allá de una mera labor de información jurídica o de intervención en el procedimiento judicial, pudiendo desempeñar una labor conciliadora de los intereses en conflicto para propiciar la armonía familiar y, en consecuencia, que los menores tenga la posibilidad de relacionarse o mantener la relación con sus distintos familiares, evitando con ello guerras personales que, en la inmensa mayoría de los casos, no favorecen a nadie.

José Román Morales Ros



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